Poltergeist

Es invisible al ojo humano, pero cuando aparece su presencia se advierte en toda su dimensión y con toda su fuerza.

No se sabe a ciencia cierta que día y en que sitio se registró por primera vez este fenómeno. Pero desde su remota aparición hasta la actualidad ni la ciencia ni la magia lograron ofrecer una descripción cabal de cómo es un : es imposible describirlo; solo se puede hablar de los desastres que provoca en el interior de la vivienda que invade. El inventario es vastísimo: entre otras muchas barbaridades, es capaz de originar insólitas lluvias de piedra o de excrementos; esta en condiciones de provocar fallas eléctricas, incendios, pequeñas inundaciones y vientos helados.

Logra que las personas se eleven por el aire o engendra una infinita gama de sonidos: desde voces de ultratumba hasta gruñidos bestiales.

Le encanta divertirse y goza burlando a los habitantes de la casa.

Es muy alegre, no cabe duda; pero recibirlo en el hogar produce cualquier cosa menos alegría.

Cierta crónica del año 858 da cuenta de unas casas, en un pueblito alemán, a orillas del Rin, cuyos techos eran constantemente apedreados por una fuerza invisible que los habitantes del lugar, a falta de otra explicación, decidieron que se trataba de espíritus malignos. Once siglos mas tarde, en noviembre de 1981, se repitió el mismo episodio, pero en esta oportunidad sobre los techos de unas casas de la calle Thormthon, en Birmingham, Inglaterra. En pleno siglo XX no resultaba tan natural atribuirle esos desmanes a fuerzas malignas.

Los vecinos de la calle Thormthon prefirieron creer que se trataba de alguna travesura infantil. Como las piedras no cesaban y no había forma de pescar a los supuestos niños traviesos, hicieron la denuncia en la sede policial.

Un escuadrón especial de vigilancia se apostó en la arteria del conflicto.

Era pleno invierno, uno de los mas crudos que se recordaban, y no había modo de ubicar a quienes arrojaban piedras sin descanso. Debieron utilizar censores infrarrojos , intensificadores de imagen y cámaras fotográficas automáticas. El propósito era localizar el sitio desde donde las piedras podrían arrojarse, basándose en la dirección que traían y en la intensidad con que caían. A finales de 1982 se habían dedicado mas de 3500 horas-hombre a la investigación y no se había conseguido nada. Para colmo, las piedras en si no daban el mínimo dato: estaban totalmente limpias de polvo y no albergaban la menor huella digital. Todo hacia suponer que la fuerza misteriosa, ajena a los hombres, las había desplazado.

Aunque costara reconocerlo, ya no había duda de que esa maldad era obra de algún poltergeist. Tal vez el mismo que había arrojado piedras sobre los techos de las casas en aquel pueblito alemán, orillas del Rin, en el año 858.

Poltergeist es una palabra alemana y está formada por el sustantivo Geist, que tiene el mismo origen que la vos inglesa ghost y significa “espíritu” o “genio”, y por el verbo poltern, que puede traducirse por “armar alboroto”. No le cabe menor definición, ya que el poltergeist es un espíritu o genio interesado en provocar escándalos.

Aunque por sus características podría semejarse a un fantasma, uno y otro tienen pocos rasgos comunes.

El fantasma, según la tradición del pensamiento mágico, suele ser una figura tímida, inofensiva, poco amiga de que la descubran. Puede ocupar una casa durante siglos, pero su relación con los habitantes humanos que por allí van pasando en ningún momento es tormentosa.

No se puede decir lo mismo del poltergeist. Cuando se hace dueño de una vivienda, enloquece a la pobre gente que en ella habita.

Mientras el fantasma es amigo de la soledad y el silencio, el poltergeist adora las reuniones masivas y el escándalo. Desconoce el descanso, por lo que sus travesuras se producen por igual de día o de noche. El fantasma por el contrario, es esencialmente nocturno. Un alquimista suizo, Basilius Mongebius, en el año 1647 sostuvo que las ondas cerebrales son capaces de causar el pánico en una habitación cerrada. Esa hipótesis fue el tema central de su libro La mirada de la mente.

Volumen en donde por primera vez se detalló minuciosamente ese extraño fenómeno que desde hace siglos perturba al hombre.

Frente al accionar de un poltergeist que estaba atormentando a los habitantes de una vivienda del pueblo de Mongebius, el alquimista desechó la intervención demoníaca, los conjuntos de la magia negra o la venganza de algún fantasma enloquecido y llegó a una conclusión algo mas escalofriante: el culpable de tanto desastre era un niño deformado, vecino del lugar.

“Mis estudios – señaló Mongebius – indican que el culpable de todo es un niño que nació tullido y que no habla ni ve. Su cerebro emite un fluido denso que es capaz de producir grandes perturbaciones en el éter que lo rodea: en especial cuando tiene hambre o esta fastidiado. Cada vez que se le ha acercado un ascua ardiendo hasta martirizarle la piel, algo voló con fuerza en la estancia donde estaba. Si se lo deja tranquilo, o está dormido, el fluido no se manifiesta ni causa daños”.

Pidió que se lo condenara, y, según anota, con eso logró solucionar el problema: “Dado al garrote vil y muerto y su cuerpo quemado por el verdugo, los hechos cesaron para siempre.”

En el pueblo de Basilius Mongebius, pero no en el resto del mundo.

En el año 1722 en Sanfeld (Alemania) ocurrió un clásico fenómeno poltergeist: una vivienda quedó bajo el dominio de esa figura desconocida y sus habitantes vieron con espanto como un balde lleno de excrementos volaba por el aire para luego desparramar su contenido por el living de la casa. Acto seguido los sacos, los pantalones y el resto de la vestimenta que colgaba en los roperos salió de ahí y se acomodó en torno a los desechos, imitando la actitud de los participantes de un pic-nic. En Cideville, un pacífico pueblito situado a ciento treinta kilómetros al oeste de París, en 1861 se registró otro episodio íntimamente ligado con el fenómeno poltergeist.

El pastor protestante Félix Thorel cuidaba a un grupo de niños huérfanos. El padre Tinel, cura de la aldea, decidió que esas criaturas debían estar bajo su  control  y, haciendo uso de su autoridad que sustentaba, logró quitarle al pastor la atención de los niños.

Félix Thorel no se dio por vencido y después de un largo y difícil juicio, que duró algo mas de dos años, recuperó la tenencia de los chicos.  En ese momento comenzaron a repetirse una serie de episodios extraños y escalofriantes. Tanto la misión calvinista como la Iglesia católica se vieron sacudidas por ráfagas heladas, las campanas sonaban a horas intempestivas sin que nadie accionara su mecanismo y las habitaciones de los niños  huérfanos eran sacudidas por terribles golpes de martillo contra la pared, los candelabros flotaban por el aire y los órganos tocaban extraños himnos religiosos, noche y día. Esos tenebrosos episodios llegaron a su fin cuando el alcalde de Cideville decidió que la mitad de  los niños huérfanos estuvieran bajo el cuidado de la grey católica y la otra mitad bajo el control protestante.

Extraña fotografía de un suceso poltergeist

Aclaración: la información no ha sido completamente verificada, a sido transcrita de grandesmisterios…poltergeist.